sábado, 26 de junio de 2010

La consulta al I Ching

Cuando consultamos el I Ching a través de una tirada, los hexagramas que recibimos como respuesta habitualmente se refieren al modo en
que nos relacionamos con los acontecimientos y circunstancias actuales de nuestra vida. O, a la
manera a en la que necesitaremos adaptarnos a los sucesos por venir. El I Ching siempre nos dará como respuesta lo que necesitamos escuchar en el momento de la consulta para nuestra evolución,
proponiéndonos generalmente ampliar nuestra mirada del asunto en cuestión.
Es importante que la consulta sea concentrada y concreta sobre un tema determinado. El sistema estará influenciado por el momento cosmológico y
personal del consultante, dando a luz una imagen en forma de hexagrama cuyo contenido nos informará de lo propicio o lo probable según las circunstancias

"...Cuando realizamos correctamente la pregunta es como si la respuesta estuviese al acecho"

Toda pregunta clara lleva en si misma la respuesta. Por lo general uno dirige las preguntas hacia si mismo, y en uno mismo está la respuesta. De ahí  la sabia inscripción sobre el portal del Oráculo de Delfos "conócete a ti mismo". Lo que sucede es que por lo general uno se encuentra trabado ante si mismo y solo es capaz de oír su propia respuesta cuando ésta le llega desde afuera.

Rudolf Ritsema y Stephen Karcher dicen:
"... El I Ching es una guía para tomar decisiones en aquellas situaciones en que el flujo de la vida está perturbado. Te ayuda a ver las fuerzas que están operando, cómo pueden desarrollarse y de qué modo te es posible relacionarte con ellas. Descompone tu punto de vista y abre nuevas visiones esclarecedoras…”
El impulso de consultar, generalmente surge cuando nos sentimos enredados y superados por una situación que excede los métodos que utilizamos habitualmente para resolver o encarar situaciones.
El I Ching lo que hace es darnos una posibilidad, una salida o una mirada más amplia que para nosotros hasta el momento no había sido posible de contemplar.
Uno muchas veces corrobora una postura a través de una consulta y otras veces, yo diría que la mayoría de ellas, lo que hace es ampliarnos la mirada y la perspectiva de la situación.

¿Que sucede si no entendemos la respuesta que nos da el I Ching?

Quizá la pegunta que hicimos sea muy amplia y por eso no comprendemos. Siempre tenemos la posibilidad de reformular la pregunta para que esta sea más clara en nosotros mismos. O pedir una aclaración. Que no es lo mismo que repetir la pregunta porque no nos gustó la respuesta.

Cuando atravesamos por situaciones difíciles uno se embarulla. Por eso lo primero es intentar aquietarnos y preguntarnos qué es lo que necesito saber.
Desde este lugar es que podemos decir que la pregunta es el punto de contacto con lo desconocido. Nos permite abrir y enfocar el espacio para acercarnos a lo que está más allá de nuestra conciencia fragmentada por la duda.
Intentando por un instante dejar de lado ideas preconcebidas solo desde el punto de vista racional y conocido. Para dejarnos invadir por la simbología del hexagrama, su poética y su sabiduría. Permitiendo que esas imágenes ingresen en nosotros dando lugar a una nueva mirada.
En este proceso nos ponemos en contacto con nuestro “Ser” que es quien verdaderamente tiene todas las respuestas y siguiendo sus consejos o advertencias permitimos que él opere. Acercándonos a nuestra singularidad con su magnífica sabiduría.

El I Ching puede abrirnos a una perspectiva más amplia y profunda. La responsabilidad y la decisión siguen estando en nuestras manos.


Algunos puntos a tener en cuenta:

Evitar las generalizaciones en las preguntas.
Las preguntas demasiado amplias tanto en tiempo como en contenido, del estilo “que va a pasar este año” darán respuestas demasiado amplias y por consecuencia difíciles de interpretar.

 El consultante es un sujeto activo.
Si realizamos una lectura de I Ching a otra persona. Construimos juntos la pregunta, intentando a través del diálogo con el otro despejar la cuestión. En este punto es fundamental la escucha. Seguramente la persona comience a hablar del tema que la preocupa. Déjenla hablar hasta que en un momento surja espontáneamente la pregunta. Al principio aparecerán un montón de cosas aparentemente desorganizadas. Y una vez que se calma la necesidad de contar, aparece como un pequeño filtro. Uno lo que hace es acotar, ayudar intentando organizar y así construir juntos la pregunta. Luego en la lectura, nosotros  acompañaremos a la persona en el proceso de interpretación, dado que las preguntas están destinadas a que la persona amplíe conciencia y es en ella en quien tiene que resonar la respuesta. Como el viento. ¿Recuerdan el trigrama del viento? Este lo que hace es despejar y lograr comprender suavemente.

 No trabajamos con el miedo
La Persona cuando llega a la consulta por lo general trae una duda o preocupación. Nuestro objetivo es colaborar para que ella tenga una perspectiva más amplia del asunto en cuestión y amplíe su mirada. Al trabajar con el miedo, haciendo pie en el conflicto en si perdemos la posibilidad de ver que generó esa situación, de que está hablando la situación en sí, que tiene que aprender la persona y que puede hacer al respecto.
Si trabajamos con el temor del otro, haciendo pie en el conflicto, nos apropiamos de su libertad y sin darnos cuenta, entregamos la nuestra. A partir de ahí la persona deja de ser un sujeto activo y se transforma en víctima de la situación. El miedo la detiene dejándola en un lugar de impotencia. En ese instante y quizá sin advertirlo, perdemos la intención de ayudar y empezamos controlar. El control siempre consecuencia del temor.  
Quizás no podamos agotar el tema en una consulta, y necesitemos varios hexagramas, pero siempre algo de claridad podemos obtener y aportar a otro. De esta forma lo que hacemos es trabajar, para persistir en un estado de libertad y obtener un punto de vista más amplio de la situación en cuestión.

No somos víctimas de la situación.
El I Ching nos permite preguntarnos. Qué podemos movilizar en nosotros para encausar, resolver o ayudar en determinada situación. Nos preguntamos ¿Qué puede hacer la persona? ¿Qué tiene que aprender con esta situación? Qué puede movilizar para facilitar..., y qué puedo aportar yo.
Cuando uno se hace cargo de una situación deja de ser una víctima y se transforma en un sujeto activo.
Si salimos a la calle y se nos cae una maceta encima muy fácilmente nos pondremos en victimas. Uno no siempre tiene que hacer algo en particular para que las cosas sucedan. Pero estén seguros que ese hecho aparentemente desconectado nos está enviando a algún lugar que si no fuera por la maceta no lo contemplaríamos siquiera. Quizá simplemente sea parar unos días para hacer reposo y ponernos en contacto con otra cosa. Y si lo único en que pensamos es ¿Cuándo se nos pasa? O ¿Por qué a mí? Nos perdemos la oportunidad, cuando en realidad, parte de la riqueza del I Ching es ver que podemos movilizar en nosotros, preguntándonos ¿para qué?, en lugar de ¿por qué, me pasa esto?.
Quizá la indicación sea justamente esperar. Y en ese caso tendremos que aprender a respetar a que se cumplan los plazos, o el tiempo  necesario, para que la situación se encause, sin que por eso seamos victimas de la misma. 

 Evitar las preguntas que fuerzan a que la respuesta sea un si ó no.
El si y el no son muy relativos. Si estructuramos las preguntas como para no esperar si o y no, La consulta se enriquece, ya que nos invita a reflexionar sobre una situación. Además, estamos queriendo forzar un sistema que tiene 64 posibilidades a que diga, sí o no de una situación particular.

 Dar un marco temporal a la pregunta.
Puede ser de gran ayuda dar un marco temporal a la pregunta que realicemos.
Si consideramos que el I Ching es “El Libro de los cambios”, podemos afirmar que nada permanece en un estado determinado más allá del tiempo que le corresponde. El Sol se oculta y  los días se trasforman en noche. Las nubes y las tormentas no duran eternamente, las heridas cicatrizan y a la oscuridad del invierno siempre es seguida por una nueva primavera.
Ya sea días semanas o meses, les recomiendo no excedernos de 6 meses en el marco de la pregunta. Pensemos que la naturaleza maneja periodos de movimientos intermedios y en medio suceden muchas cosas.



Hasta la próxima
Laura Paradiso