jueves, 20 de marzo de 2014

Algo sobre la Paz Hexagrama 11


Cuando le pregunte al I Ching sobre qué tema quería que hablásemos en este artículo respondió con el Hexagrama 11 La Paz con mutación en las líneas 3 y 4.

Hablar de paz en estos tiempos quizá pueda ser un medio para intentar tocar, aunque más no sea por un instante, parte de este proceso tan necesario y evidentemente complejo. Proceso que por cierto excede este artículo.

Como primera medida, para intentar acceder a La Paz, necesitamos tomar consciencia de que formamos parte de un Cosmos. De un Cosmos absolutamente dinámico. De un orden que nos incluye y nos excede en su determinación. Comprender que ese orden implica estar en constante movimiento y circulación, adecuándonos y acompañando el ritmo que nos propone este Universo Vivo

Pero, ¿qué implica acompañar el ritmo de este Universo Vivo?
Como primera medida creo que implica soltar en el momento de soltar y construir en el momento de construir. Como sueltan sus hojas los árboles en otoño, atraviesan un invierno de latencia, para regresar fuertes y exultantes en la primavera. 

Eso, para el I Ching es estar en Paz.  Una Paz absolutamente dinámica, que incluye el reconocer que somos parte de este Universo Vivo y por lo tanto, al igual que él, estamos sujetos a ciclos.  

Es cierto que la Paz es un instante de equilibrio proveniente de un estado interno y personal, pero difícilmente podremos estar en paz si a nuestro alrededor hay conflictos querellas, peleas permanente. De hecho la explicación al Dictamen Wilhelm nos habla de un momento de concordia social, de un equilibrio proveniente de la vida en comunidad. Y claramente es esto lo que hoy estamos necesitando.

Cada vez que encaremos el análisis de un hexagrama, es importante que no perdamos de vista la cualidad de los trigramas que lo componen y cómo interactúan entre ellos según su posición.



En este caso, el hexagrama 11, La Paz, se compone de los trigramas Cielo abajo  y Tierra arriba.

El trigrama del Cielo, Lo Creativo. Representa el principio Yang, activo. Mueve las cosas desde su fase germinal y representa los grandes comienzos. Es la fuerza espiritual que llevamos activa en nuestro interior, esa chispa divina. Una fuerza que pone de manifiesto nuestra singularidad. Es el carácter creativo con el que construimos nuestra realidad y nuestro destino, nuestras ideas y pensamientos. Es por eso que el símbolo de Lo Creativo, El Cielo; determina la dirección, el propósito y el camino en la vida.

Por otro lado tenemos a La Tierra.
La Tierra. Representa el principio Yin receptivo. Es La Madre Tierra. Está caracterizado por la entrega, la flexibilidad, la suavidad, la docilidad y la nutrición. Nuestro cuerpo.

Así como el Cielo representa el poder espiritual, La Tierra representa el poder de la materialidad, cuya característica es gestar, nutrir y dar a luz a los frutos de la creatividad. Es así como todo lo que existe es pensado e ideado por lo creativo; gestado y parido o realizado por lo receptivo. Estos dos principios trabajan juntos y están indefectiblemente unidos.
Ahora bien, Volvamos a La Paz
Cuando el Cielo, que es lo elevado, se coloca por debajo de la Tierra y la sostiene, sus fuerzas se unen en intima armonía y  todas las cosas prosperan. 

A diferencia del hexagrama 12 El Estancamiento donde estos mismos principios en distinta posición, Cielo arriba y Tierra abajo, se separan y las cosas se estancan, se paralizan o se enquistan. 

En tiempos de Paz las cosas prosperan porque lo que hay es, como primera medida, consciencia de que este equilibrio es absolutamente dinámico.
Esto quiere decir que todo proceso llega a un punto de plenitud, da un fruto. Luego se desorganiza para volver a moverse y lograr un nuevo punto de equilibro y encuentro. 



De este modo se despliegan las estaciones del año y los ritmos en la naturaleza.

La vida del hombre también se encuentra sujeta a estas pautas cíclicas, insertas en un sistema de relaciones. Donde tendremos periodos de prosperidad y otros de giro y reorientación. 

Uno de los malos entendidos que nos caracteriza a los humanos es creer que podemos hacer cualquier cosa en cualquier momento. Esta creencia echa por tierra todo intento de conexión con lo que pide el momento dado. 
Como decíamos recién: La naturaleza tiene sus ritmos. Hay momentos para sembrar y otros para cosechar. La acción del hombre, a lo largo de de la historia nos demuestra que ésta también se encuentra sujeta a ciclos. Y en eso radica el equilibro o no, con el cual intentamos organizar nuestra vida.

Así, todo comienzo es análogo a la primavera, la mañana y los brotes tiernos. La plenitud estará dada por el verano y el mediodía, el fruto. Luego llega un momento de asimilación y discriminación, donde desechamos lo que no sirve a través de la poda, en correspondencia al Otoño y la tarde. El invierno, en analogía con la noche, es un momento donde la planta despojada absolutamente de follaje aparenta morir. Sin embargo la vida se encuentra en estado de latencia para retornar en la Primavera.

Si consideramos que el I Ching es “El Libro de los cambios”, podemos afirmar que nada permanece en un estado determinado más allá del tiempo que le corresponde. 

El Sol se oculta y  los días se trasforman en noche. Las nubes y las tormentas no duran eternamente, las heridas cicatrizan y a la oscuridad del invierno siempre es seguida por una nueva primavera. 

Es inevitable que las cosas cambien, por perfectas que ellas puedan parecernos en ese momento. Sólo la certeza de que vendrán tiempos distintos puede conducirnos a un nuevo estado de equilibrio. 

Convengamos que el equilibrio es un instante. Ese instante podemos disfrutarlo o no, sabiendo que volverá a girar para alcanzar un nuevo estado de equilibrio, en otra proporción. 

El poder acompañar conscientemente este proceso dinámico es la manera en como las cosas prosperan. Y prosperan porque hay una profunda conexión y sobre todo coherencia. 
Coherencia porque lo fuerte sostiene a lo blando. Coherencia y encuentro entre la teoría y la práctica, lo que pienso y lo que digo,  con lo que siento y hago según el momento dado.

Puede sonar idealista, y posiblemente lo sea, pero considero nos encontramos frente a una gran oportunidad ya que no podemos dejar de ver estos dos extremos que hoy se expresan en nuestra sociedad profundamente polarizada. No podemos dejar de ver los dos extremos de un movimiento que nos empuja a ser consientes de sus polos para poder ser reconocidos e integrados. 
Pero esta oportunidad no queda sujeta exclusivamente a la capacidad o incapacidad de nuestros líderes, sean estos políticos o religiosos. Sino a la posibilidad que cada uno de nosotros tome dimensión de ello y nos entreguemos con conciencia a este proceso.


Parte del sentido de este signo radica en  que los que se encuentran en diferente condición se unan  manifestando una voluntad mancomunada. Reconociendo que el  estado de Paz es de naturaleza colectiva. Un momento de unión y florecimiento de lo humano, porque se hace consiente de una Ley del Ser. Donde el deseo de lo individual y personal se identifica con el interés de lo colectivo. Donde lo bajo y lo elevado se hallan equilibrados y en proporción.  Donde aquellos que se encuentran lejos – de nuestras ideas y creencias - no son olvidados y aquellos que se encuentran cerca no son favorecidos.  Una clara  imagen donde todos son incluidos.

¿Estamos listos para acompañar el movimiento de giro que estos tiempos proponen? O intentamos en pleno otoño pegar las hojas del árbol con cinta para que este no las suelte. Aferrándonos con uñas y dientes a un rígido modelo que lo único que nos promete es más fragmentación y por consiguiente  desgarramiento y conflicto.

Un claro optimismo me dice que sí.  Aunque por ahora... aparezcan más interrogantes que respuestas.
Laura Paradiso 

jueves, 12 de septiembre de 2013

El Hombre superior y el hombre inferior como aspectos de la personalidad


Cuando nos familiarizamos con el  I Ching, aprendemos a identificar a través de su lectura distintos aspectos de nuestra personalidad. Las acciones que reflejan nuestras facetas internas y estados de consciencia, son descritas como las acciones del Hombre Superior y el Hombre Inferior. De esta forma los hexagramas, muestran nuestro estado de conciencia y las formas en que nos relacionamos con las circunstancias de nuestras vidas a través de metáforas e imágenes de incalculable resonancia poética que reflejan leyes universales.



“El Hombre Superior”, “El Gran Hombre” ó “El Noble” representa la mayor expresión y potencialidad de nuestros dones. Es quien realiza las acciones correctas, acordes a los tiempos del cielo y las leyes universales. Estando a la altura de las circunstancias realiza en cada caso lo que requiere la situación. Esto lo logra entregándoce a la situación sin resistencias. 

En el "Discurso sobre la teología natural de los chinos" Leibniz expresa: 
"...Al Perfeccionar la propia naturaleza, se alcanza el estado de Jen, que expresa la condición humana en la plenitud de sus facultades creadoras, en su máxima expresión, donde la superioridad moral supone la comunión con el Cielo, la Tierra y toda la naturaleza, pues se trata de la más pura manifestación del principio común a todos, productor constante. El hombre noble no solo posee entonces una armonía interna que se vuelca hacia el exterior, sino también realiza en su vida y a su nivel la obra creadora del principio supremo. No es un instrumento, sino que, al reproducirlo en si mismo, obra en virtud de este"     
Por todo esto el Hombre Superior, es el hombre capaz de autocrítica, quien puede modificarse a si mismo y evolucionar. Busca su destino construyéndolo desde un rol activo; tiene como meta lograr lo mejor para si mismo y para los demás. Representa el accionar y la manifestación de la esencia divina que llevamos dentro. 

El Hombre inferior, los Inferiores o los vulgares, están representados por las dudas, miedos, reacciones intempestivas y emocionales que nos ocasionan dificultades o nos retrasan en el desarrollo de nuestro ser. Son las manifestaciones del ego y la soberbia, como principio de aislamiento y una mirada sesgada por la fragmentación. 
Es el hombre (o nuestras zonas) débil, que no se encuentra a la altura de la circunstancia, y como lógica consecuencia no sabe como resolverla o termina provocando que está se malogre. Es quien carece de autocrítica, con tendencia acomodaticia, por lo tanto incapaz de modificarse. Manteniéndose en la interminable rueda de acción y reacción. Provocando, aunque no sea consciente de eso, la repetición de situaciones. 

Por ejemplo:

Si observamos La Desintegración (hexagrama 23) el I Ching nos plantea como lo vulgar corroe la integridad del noble socavándolo internamente hasta derrumbarlo. 


Si lo llevamos al plano de nuestra personalidad hablamos tanto de nuestros temores, posibles auto boicot, o cuando la duda nos carcome. Obviamente en medio de este tironeo interno no es bueno movernos. La situación es pasajera, y justamente en las características de los trigramas se encuentra la clave de como superar esta instancia: Deteniéndonos para aquietarnos, por lo menos hasta que el panorama se aclare.   

Es por eso que tomar el I Ching como herramienta nos permitirá integrar, a través de su lectura, estas áreas de nuestra personalidad. Alineándonos con el "Gran Hombre"  que todos llevamos dentro. 

Hasta la Próxima. 
Laura Paradiso

domingo, 2 de junio de 2013

Yin y Yang como principios complementarios



El Yin y Yang así como la representación de su símbolo se encuentran basados en el principio de Polaridad. “…este principio encierra la verdad de que todas las cosas manifestadas tienen dos lados, dos aspectos, dos polos; un par de opuestos con innumerables grados entre ambos extremos…” (El Kibalion)

La mirada occidental consideraba, que los opuestos se destruyen y repelen entre sí. Sin embargo la concepción oriental desde un principio, contempló que uno da vida al otro y lo completa.
Si lo trasladamos a la naturaleza la fuerza emisora Yang del sol, expresada como luz y calor, da lugar a la acción fría y oscura de la tierra que permite el desarrollo de todo lo que habita en ella.

Los principios Yin y Yang son consideradas fuerzas de movimiento cíclico y constante, siempre cambiando y creando nuevas circunstancias. Este movimiento se origina en el vacío, que es considerado el origen de todas las cosas.
Si observamos el símbolo podemos ver que la luz esta dentro de la oscuridad y la oscuridad está dentro de la luz. Entonces no se trata solamente de dos mitades complementarias, sino que es la representación del movimiento y el cambio que podríamos llamar “Interpenetración”.
Comprender esto es comprender un ritmo que ya luz y oscuridad están uno con el otro, son inseparables. Sería darnos cuenta que no existen la luz y la oscuridad en sí, sino que existe otra realidad dentro de la cual aparece este movimiento. Y esta realidad es “La fuente” “la totalidad” representada por el símbolo completo. En este punto ya no discutimos si es bueno o malo mejor o peor, sino que percibimos otro orden que esta por detrás de esta manifestación polarizada.
No estamos negando que haya polos, sino que estos son un nivel de realidad, parte de una totalidad. El físico Nassim Haramein, lo plantea de forma muy simple diciendo ”El universo gira (sobre sí mismo), las cosas giran en el universo y cuando giran, hay polaridad”

Todas las cosas que existen muestran un predominio de cualidades Yin o Yang
por ejemplo:

Yang                                    Yin
Imagen                                Realidad
Cielo                                    Tierra
Sol /día                                 Luna /noche
Luz / verano                         Oscuridad / invierno
Números impares                Números pares
Principio masculino              Principio femenino
Direccionado                        Holístico
Expansivo                             Conservador
Racional /Analítico               Intuitivo / sintético
Amor                                     Amante
Creatividad                           Creación




Si observamos esta lista salta a la vista que nuestra cultura occidental ha valorizado al Yang prefiriendo lo racional a lo intuitivo, la ciencia a la religión y la competencia a la cooperación.

Sin duda nuestra naturaleza se compone de ambos principios tanto de lo masculino como lo femenino. Desde el pensamiento oriental, estas categorizaciones de lo Yin y Yang carecen de carga valorativa en si misma ya que son las dos caras de una misma realidad y uno no es posible sin el otro. 

Aún cuando Yin y Yang pueden diferenciarse, no pueden separarse. Estos aspectos aparentemente opuestos dependen el uno del otro definiéndose mutuamente como principio de una polaridad. Por ejemplo, uno no podría hablar de altura si no existiera lo alto y lo bajo o de lo oscuro sin no existiera lo luminoso, o, de la humanidad si no existieran hombres y mujeres.

En el segundo libro del I Ching se dice que desde el amanecer de la conciencia permanecemos dentro de sistemas de relaciones preexistentes, que en su totalidad conforman el orden Cósmico. Por ejemplo: Los planetas girando alrededor del sol dan lugar a las estaciones, la luna alrededor del planeta, el movimiento de las mareas. La vida en la tierra se ajusta a estos grandes sistemas de relaciones por lo cual, difícilmente podamos plantar algo sin tener en cuenta las estaciones. Así como navegar sin tener en cuenta las mareas o concebir un bebe sin considerar los ciclos de fertilidad.

Los chinos dan por supuesto, desde los orígenes de su civilización, que el universo está en permanente cambio y su movimiento es el resultado de una dinámica interna de pautas cíclicas. 
Del mismo modo que el sol cubre cuatro estaciones en su ciclo anual, tenemos cuatro faces de la luna y todos los organismos biológicos recorren estas cuatro instancias en una vida: el nacimiento, la madurez, el declinar y la muerte.

Estos sistemas de relaciones preexistentes pueden ser considerados como el Gran Tao del universo, Conciencia cósmica o simplemente la manera en la que se desarrollan las cosas.

lunes, 17 de diciembre de 2012

¿Por qué consultar al I Ching cambia la mirada?


Cuando nos encontramos en una situación incierta o tenemos una duda, generalmente nos sentimos desbordados por sus múltiples aspectos. Donde, si nos decidimos por una acción obtendremos un resultado, y si optamos por otra acción, una distinta.  Esto hace que nos confundamos, nos enredemos y finalmente no sepamos donde estamos parados o hacia dónde dirigirnos. (Tengamos en cuenta que la duda en sí, divide la personalidad y nos fragmenta)

En ese momento lo único que deseamos es dejar de sentirnos tironeados por la duda y  retornar a nuestro centro. Esto generalmente lo hacemos buscando un significado a ese hecho o situación y a partir de ahí tomar una dirección que nos remita a nosotros mismos en un proceso de integración.

Ahora bien. Convengamos que estamos acostumbrados a responder nuestras preguntas e inquietudes con la seguridad que nos brinda nuestro intelecto. No solo eso, en muchas oportunidades tomamos decisiones que suelen ser un reflejo de lo que se espera de nosotros, o lo que nos hace parte del grupo social al que pertenecemos. Pero tanto lo que nos tranquiliza intelectual o racionalmente, como lo que se espera de nosotros y nos aconseja nuestro entorno, no siempre calma nuestra angustia, ni resuelve el estado de incertidumbre que nos asalta ante temas de gran trascendencia en nuestra vida.
En esos momentos decisivos nos encontramos solos frente a nosotros mismos. Y es justamente en esos momentos cuando recurrir al I Ching nos ayuda a retornar a nuestro eje.
Generalmente al realizar una consulta al I Ching y leer el hexagrama que nos representa en esa circunstancia determinada, sucede que además de comprender racional o intelectualmente, sentimos la respuesta. A qué me refiero cuando digo "sentir la respuesta". Me refiero a que esas palabras me conmueven por su impecabilidad. Quizá lo que necesitamos escuchar se encuentre tan solo cuatro líneas. Y, aunque a veces  no coincide con lo que esperamos, sentimos esa respuesta en la panza y  nos emocionamos.

Algo  paso en ese instante. Como planteamos en el artículo "Consultar el I Ching. Un encuentro con El Sabio"   el I Ching, como todo libro esotérico, genera un estado, provoca un efecto. Algo hizo no solo que  entendiésemos intelectualmente, sino que sintamos la respuesta. Es como si de golpe se encendieran la luz en una habitación que se encontraba a oscuras y comprendiéramos que hay otro nivel de la realidad donde todo se encuentra entretejido, conectado. Donde la emoción y la razón jamas estuvieron separadas. En ese instante podemos ver qué cosas nos estuvimos llevando por delante. La diferencia sustancial radica no solo en que comprendimos intelectual o racionalmente, sino que a esa comprensión la sentimos  profundamente en el cuerpo. Eso es lo que conocemos  como  insigth. 
Leer el I Ching cambia nuestra percepción de las cosas, amplia nuestra consciencia y nos transforma.  Quizá el efecto que produce leer el I Ching, podamos compararlo con un Koan. El Koan es una herramienta antiquísima, utilizada por los maestros Zen con el fin de alterar el estado de conciencia de los  discípulos y así provocar un Insight, de forma natural y pacifica. El Koan no busca una respuesta correcta o lógica. sino una visión interna, un despertar. 

Esto no es algo que uno se proponga, simplemente sucede. Un Insigth implica un proceso complejo. Es muy difícil explicar cómo es que por un instante se unieron dos canales de información. Uno emocional y otro intelectual, la mente y el cuerpo en contacto y dialogo. Ese es el motivo por el cual opera tan profundamente. 
Cuando decimos que un insigth opera profundamente, es porque ese sentir y darse cuenta simultaneo va a cambiar nuestra mirada, la expectativa o la aspiración que tengamos en referencia a una situación. Y no solo eso, si el insigth es muy profundo va a cambiar nuestro deseo. Cambia nuestro deseo porque desarticula una modalidad, expone una creencia y la saca a la luz, y esto indefectiblemente provocara una modificación en nuestro deseo y nuestra conducta. 

Hasta la próxima.
Laura Paradiso 

domingo, 16 de diciembre de 2012

El impedimento. Lo interno y lo externo

La principal creencia sobre la que se apoya nuestro yo superficial, el ego, o  el hombre inferior, como lo denomina I Ching, es creer que aquello que nos sucede es completamente  independiente de nosotros.
Desde algún punto estamos convencidos que los acontecimientos de nuestra existencia son azarosos y que las personas que aparecen en nuestras vidas,  ya sea que nos atraigan o nos causen rechazo,  son totalmente independientes de nosotros.
Hemos sido educados en el condicionamiento de creer que el mundo externo no tiene conexión alguna con nuestro mundo interno. Creemos que nuestra voluntad debe imponerse y que los demás son responsables de nuestras limitaciones. Es entonces cuando proyectamos sobre el mundo los contenidos desconocidos de nuestra psique  y nos enredamos en ellos, no solo padeciéndolos nosotros mismos sino causando sufrimiento a los demás también.

En el I Ching así como en la mayoría de los considerados lenguajes sagrados, lo que sucede “afuera” nuestro, en el mundo,  y lo que sucede “dentro nuestro” en la psiquis,  son dos lados de una misma realidad y si se mueve uno el otro también lo hará.

En la imagen de “El Impedimento” (hexagrama 39) El I Ching señala: 
“Sobre la montaña se encuentra el agua: la imagen del impedimento. Así el noble se orienta hacia su propia persona y va formando su carácter." 
"Las dificultades y los obstáculos arrojan de vuelta al hombre hacia  si mismo. Pero mientras el hombre común busca la culpa afuera, es decir en los otros hombres, y acusa su destino, el noble busca la falla en sí mismo, y en virtud de este ensimismamiento el impedimento externo se transforma para él en motivo de formación y enriquecimiento interior.”

Es una ilusión  considerar que lo que nos está pasando, ya sea que nos guste o no,  no debiera suceder. Estas situaciones, tienen en sí mismas un contenido que de alguna manera nos representa.
El punto radica en intentar asimilar la situación. ¿Pero Cómo?  Creo que como primera medida bajando el disparador automático que es nuestra reacción. Y a partir de ahí poder preguntarnos que nos trae esta situación, ¿de qué nos está hablando ese hecho? ¿que necesito comprender de mí? 

El I Ching insiste a lo largo de todo su texto en la necesidad del conocimiento de nosotros mismos. Nos invita a meditar sobre lo que hacemos y lo que nos ocurre.
Si algo nos sucede, es porque algo nuestro se está poniendo en juego en ese acto. De qué sirve  pensar que podría no haber sucedido. O preguntarnos ¿qué hubiese pasado si yo…? Sucedió y en ese acontecimiento reside un secreto que de ser comprendido se convertirá en la base donde apoyarnos para seguir creciendo.  Conduciéndonos, seguramente sin que lo advirtamos en ese momento, a un nuevo estado de equilibrio.Comprendiendo  que cada vez que reaccionamos mecánicamente  a las situaciones de nuestra vida, permanecemos encerrados en nuestro propio circuito fragmentado y repetitivo.
Este proceso, que podemos denominar el “pararnos sobre el impedimento” comienza en el momento donde espontáneamente podemos preguntarnos ¿Para qué me pasa esto? En lugar de preguntarnos ¿Por qué me pasa esto?

Hasta la próxima.
Laura Paradiso

miércoles, 21 de noviembre de 2012

La Guerra y la Paz


La historia del hombre desde sus comienzos a la actualidad, se encuentra saturada de los horrores cometidos en contra de la humanidad misma. En una carrera sin sentido en pos de sostener, defender e imponer lo impreso por nuestro grupo de pertenencia, o con el cual nos identificamos, ya sean estos raciales, religiosos, ideológicos.
De esta manera quedamos aferrados a un modelo anacrónico, que en un momento determinado cumplió su función pero que en la actualidad por más nostalgia y añoranza que nos genere llegó a su límite y lo único que nos promete es conflicto. El conflicto solo prueba que las ideas que sustentan a ese modelo están siendo seriamente cuestionadas.

Este enfrentamiento podemos verlo reflejado claramente en todos los órdenes de nuestra vida. Tanto en lo colectivo como en lo personal. En la forma de relacionarnos tanto en nuestros vínculos de pareja, amigos, hijos, compañeros de trabajo y demás actividades, así como en nuestras creencias y formas de percibir la realidad. 
Es imposible que estas antiguas ideas por si solas puedan dar cuenta de una realidad que pide mayor apertura, participación e integración. 

Si hay algo que nos enseña no solo la Astrología y el   I Ching, sino la mayoría de las corrientes espirituales y humanistas es que cuando algo se cierra o se muere, es porque ya no hay más energía disponible en esa forma. Algo nuevo comenzará a abrirse. Pero como bien sabemos, el momento de transición entre lo nuevo y lo viejo, la instancia del vacío  -donde lo viejo ya no está y lo nuevo todavía no toma forma- es un espacio que generalmente es llenado con temor e incertidumbre. 
El primer inconveniente en esta transición radica en nuestra falta de confianza en que  esta inexorable marcha hacia la extinción de un viejo modelo inaugura una nueva alternativa, seguramente mas creativas, con mayores posibilidades de incluir aspectos aparentemente distantes.
En segundo lugar, están nuestros apegos tanto sea a vínculos, objetos  y  sistema de creencias. ya que consideramos que estos elementos (todos externos) nos aportan identidad.  
  
El individualismo y la voracidad, propios del sistema vigente ha repercutido en nosotros,  fortaleciendo el aislamiento de un yo polarizado y  auto referido. Esta crisis, como cualquier otra, (solo que esta es de carácter colectivo) atentan contra esa identidad fijada y constituida por nuestra cultura en un sistema de creencias. Y, repito. Desconcierto incertidumbre y temor, son todos sentimientos lógicos por el desplazamiento y perdida de los lugares y objetos donde habíamos puesto la seguridad de nuestras identificaciones y creencias.

Es cierto que nuestra psiquis necesita un centro, estabilidad y una historia personal que la represente para  así, constituir una identidad. La caída de un modelo que se resquebraja ante nuestros ojos nos obliga a replantearnos seriamente donde ponemos nuestros valores y la imagen de nuestro ser más profundo. Si en las manos de un sistema que nos devora alejándonos cada día de nuestro “Ser Humanos” peleándonos hasta morir por una idea, un concepto o una creencia. O en el reconocimiento de nuestros valores, posibilidades y recursos más genuinos. No hace falta inventar la humanidad, esta ya existe, solo hay que recuperarla y reconocerla en una nueva dimensión.

Como expusimos en el artículo anterior –“El caduceo de Hermes y una representación del Taijitú”- donde planteamos el encuentro de  Nüwa y Fuxi  como principios polares. Ellos representan no solo el despliegue de la vida misma desde el punto de vista biológico, sino también una clave en el desarrollo y  evolución de la consciencia. Recordemos estos dos principios trabajan juntos creando el universo que los rodea. Donde cada punto de encuentro representa un giro de esta espiral en un continuo y  eterno movimiento a niveles superiores.

Cuando en una relación, sea de la índole que sea, uno se expresa a expensas del otro,  resulta muy difícil alcanzar ese delicado equilibrio que la actividad constructiva de ambos requiere. No se puede resolver una situación partiendo de un solo punto. Creo que la clave está en aprender a vincularnos, dejar de mirarnos sistemáticamente el ombligo, levantar la mirada y contemplar a quien tenemos en frente, con sus anhelos, dolores y temores. 

No nos será posible sostener nada por el mero sentido del deber o la tradición. Sujetarnos al pasado, a viejos modelos y antigua ideas, solo nos provocara más desgarramiento frente a la imposibilidad de ampliar la mirada e ir más allá de lo establecido. 
Quedar varados en un viejo concepto solo persigue la finalidad muy intima de no apartarnos de donde estamos. Reconozcamos que todos en algún momento hacemos, o hemos hecho,  lo indecible para quedar ubicados dentro de un formato que para nosotros es legitimo, que consideramos único, habitual y que nos da seguridad por conocido, no por vital.

Cuestionar un modelo, transformarlo y renovarlo a fondo sin revelarnos, exige una gran madurez. La mayoría de nosotros no nos vinculamos desde la interpenetración que implica el amor. Por lo general lo hacemos desde una idea preconcebida que tenemos respecto a cómo tendría que ser esa relación. Y quedamos atrapados ahí, en la pelea, imponiéndonos o sometidos, con la sensación que no habrá otra cosa mejor o como si no existiera la posibilidad de algo distinto. Creo que lo que viene es francamente distinto, aunque demore.

La presión será cada vez mas fuerte, este proceso llevará tiempo, uno no cambia de la noche a la mañana, pero los tiempos se aceleran. Cada vez nos resultará más difícil realizar en lo colectivo o social nada que no podamos respaldar y acompañar coherentemente con nuestra actitud personal, sea cual fuere la función a la que somos llamados. A esto le llamo crear vínculos honestos.   
Si para esto debemos atravesar distintas crisis, sean estas personales, sociales, económicas, o ecológicas, dependerá de nosotros. 
Nos encontramos frente a una gran oportunidad, pero esta no queda sujeta a la capacidad de maniobra de nuestros líderes, sean estos políticos o religiosos, sino a la posibilidad que cada uno de nosotros tome dimensión de ello y nos entreguemos con conciencia a este proceso.

¿Será este el principio en un camino de fractura de un sistema para ingresar a un estado de mayor inclusión, estableciendo una relación distinta con nosotros mismos, con nuestros congéneres y con el planeta tierra? ¿O nos aferraremos con uñas y dientes a un rígido modelo que lo único que nos promete es más fragmentación y por consiguiente  desgarramiento y conflicto?
¿Cuáles son las huellas que el miedo produce?  ¿Es posible un nuevo estado de conciencia para nuestro actual estado de evolución como especie?

Un claro optimismo me dice que si.  Aunque por ahora... aparezcan más interrogantes que respuestas.

Hasta la próxima.
Laura Paradiso

martes, 30 de octubre de 2012

El Caduceo de Hermes y una representación del Taijitú


Este antiguo símbolo, el de las dos serpientes entrelazadas del caduceo, entre otras acepciones, representa el equilibrio entre fuerzas Polares, el eterno movimiento cósmico, lLa serpiente oscura y la luminosa, el  Yin y Yang como principio de polaridad.



En pocas palabras podemos decir que el bastón expresa el poder; las dos serpientes, la sabiduría del principio femenino (serpiente oscura) y principio masculino (serpiente luminosa) . Las alas y  en algunos casos el yelmo, son emblemáticos de elevados pensamientos.

El Caduceo es un símbolo cósmico, astronómico, espiritual y filosófico. Es símbolo del movimiento continuo, del  reequilibrio constante entre la vida y las corrientes vitales.

Desde el punto de vista esotérico, la vara del caduceo corresponde al eje del mundo y sus serpientes aluden a la fuerza Kundalini, que, según las enseñanzas, permanece dormida y enroscada sobre sí misma en la base de la columna vertebral -símbolo de la facultad evolutiva de la energía pura-. (Diccionario de Símbolos, de Juan Eduardo Cirlot.)


Si continuamos ahondando en el símbolo del caduceo, encontraremos en la antigua tradición China,  similitudes y coincidencias con las tradiciones Judeocristianas de la mano de Nüwa y Fuxi 
A Esta pareja se le atribuye el origen de la raza humana. En esta representación vemos a Nüwa con un compas en su mano y a Fuxi con una escuadra. Esto los muestra como arquitectos de la creación unidos por un unico brazo . La escuadra debería estar en la mano de Nüwa, ya que con ella se realizan cuadros (representativos de la tierra y lo femenino) mientras que el compaz (destinado a trazar círculos - símbolo del cielo- )  debería estar en la mano de Fuxi. Sin embargo están invertidos o cruzados, con lo cual hace referencia no solo al hecho de que trabajan juntos, sino también al principio del polaridad presente en el símbolo del Yin yang o taijitú donde, en el centro de uno se encuentra el germen o semilla del otro como principio del cambio.   

Ellos se encuentran ubicados como el principio central del universo, entrelazados, unidos en un constante movimiento representado por lo creativo y lo receptivo.

Si observamos la imagen. Tienen al sol en lo alto y la luna a sus pies, rodeados de las constelaciones que ellos mismos crean en su incesante danza de unión.

El principio de dualidad siempre ha estado presente en las antiguas tradiciones. En algunas de ellas de forma más clara y  en otras no tanto. Solo es cuestión de indagar un poco.
Por ejemplo. 


Si observamos  la iconografía de la tradición cristiana podemos observar que: prácticamente todas las vírgenes guardan cierta relación con la visión que narra el Apocalipsis o Libro de las Revelaciones (12,1), que dice: "Una Gran señal apareció en el cielo: una mujer, vestida de sol, con  la luna bajo sus pies  y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. Está  encinta y gritaba con dolores del parto, y con el tormento del dar a luz…”

No es el objetivo de este artículo realizar un exhaustivo análisis al respecto y menos adentrarme en cuestiones  morales que el culto católico impartió, con la intención de alcanzar múltiples niveles de entendimiento, respecto al papel que jugó el principio femenino.  
A mi entender La  Virgen representa la unión de estos dos principios.  Veamos la imagen. Por un lado tenemos  el principio masculino activo, el sol, como energía vital, la claridad, la luz, lo  yang. Por otro lado , el principio femenino receptivo,  oscuro, yin,  la luna -vinculada directamente a la fertilidad ya que esta es iluminada, preñada por el sol-.  
Las doce estrellas que la coronan simbolizan la humanidad, representada en las doce tribus de Israel, , los doce apóstoles, los doce signos de zodiaco. Una totalidad, donde esta mujer, única, la gran madre que concibe, la Virgen como símbolo de unión e integración de las polaridades femeninas y masculinas, el cielo y la tierra, el cuerpo y el espíritu, da a luz a la humanidad.
  
El origen de la palabra virgen para muchos lingüistas es incierto. Viene del latin Virgo. Otros plantean que representa la unión de la partícula Vir  del latin virilis refiriéndose a la virtud, lo viril, virilidad, vigor  como representación de fortaleza, normalmente atribuido a lo masculino; en unión con la partícula Gyno refiriéndose a lo femenino dado que de ahí deriva las palabras gineceo, ginecología (estudio de la biología de la mujer).  

Creo que la palabra Virgen guarda un secreto, encierra en sí misma el misterio de unión e integración de lo femenino y masculino. Del mismo modo que el símbolo    â  de la virgen en el zodiaco se encuentra representado con una M con una coleta que se envuelve a sí misma, ocultándose. Siendo la luna su regente esotérico.    

Si nos trasladamos por un instante a la cultura mesoamericana. De la misma forma, los olmecas, mayas y toltecas representaron la dualidad inherente en ser humano en los principios femenino y masculino a través de la figura de Quetzalcóatl (kukulcán para los Mayas), La Serpiente emplumada. Considerado como principio de equilibrio entre los aspectos espirituales y materiales en el hombre y el mundo. 
Expresando la unión del Cielo ( enunciado por el ave y la plumas Quetzal, y los principios espirituales) y la  Tierra (el cuerpo físico simbolizada  por la serpiente Cóatl) 
Podemos encontrar muchas paralelos entre la cultura china y la Tolteca o Maya. pero ese es tema de otro artículo. 

Regresando tanto al caduceo como al taijitú, representado por la unión de Nüwa y Fuxi, la forma en la que se los ve entrelazados, devela la similitud de ambos símbolos a la conocida espiral en doble hélice de la cadena de ADN. Como un código inteligente de acoplamiento estructural. 
En mi opinión, ambos representan no solo el despliegue de la vida misma desde el punto de vista biológico, sino también una clave en el desarrollo y  evolución de la consciencia. Donde cada punto de encuentro es el giro de un continuo y  eterno movimiento  ascendente a niveles superiores.
A partir a aquí vemos como  la representación del principio de dualidad, inherente a lo humano, presente en las distintas tradiciones y a lo largo de la historia nos muestra que somos Uno con el Todo. Donde ese Todo se nos devela  a través de  cada una de sus partes. Solo es cuestión de contemplarlas, comprenderlas y amarlas como cada tradición las expresó.

Hasta la próxima. 
Laura Paradiso